Ni libre ni ocupado por Daniel Díaz Simpulso

Titulo del libro : Ni libre ni ocupado
Fecha de lanzamiento : September 26, 2012
Autor : Daniel Díaz Simpulso
Número de páginas : 58
Ni libre ni ocupado por Daniel Díaz Simpulso

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Daniel Díaz Simpulso con Ni libre ni ocupado

TRAYECTOS OCUPADOS
Al verme libre alzas el brazo, freno a tu lado y abres la puerta trasera de mi taxi. Aún no sabes (ni probablemente sabrás nunca) que, con la puerta, también acabas de abrir una nueva página escrita a fuego en mi espejo retrovisor. Me indicas un destino cualquiera y nos ponemos en marcha. En lo que dure el trayecto puede que mantengamos alguna conversación interesante, o que nos lancemos miradas fugaces en silencio, o que simplemente te dediques a observar la calle, o a leer el periódico. En cualquier caso, yo aprovecharé cada semáforo en rojo para tomar notas. La libreta de lomos negros abierta sobre mis rodillas apenas llamará tu atención. Supondrás que estaré escribiendo la lista de la compra, anotando algún recordatorio o simplemente echando las cuentas del día. Supondrás mal: en realidad estaré escribiendo acerca de ti, pintando tu retrato con palabras. Transcribiré lo que observes, lo que digas, o lo que tus ojos me digan cuando a tu boca no le apetezca hablar.
Así, libreta en mano, comencé a elaborar cada uno de los textos que conforman la siguiente sección. Primero fueron simples notas, descripciones someras de usuarios que, por una razón o por otra, habían llamado mi atención. Por aquel entonces, año 2005, alternaba mi trabajo como taxista con la escritura de un proyecto de novela cuyos personajes no llegaban a encajar del todo en la profundidad de su trama. Mis primeras notas taxiales salieron, pues, de la necesidad de encontrar nuevos personajes adaptables a esa novela que me traía entre manos. Decenas de usuarios y de libretas después comprendí que cada bajada de bandera me ofrecía material de sobra para un relato independiente del anterior; algo imposible de aunar en una misma novela. TRAYECTOS LIBRES
En mi taxi los usuarios también me ayudan a mantener los pies en el suelo. Sus historias, más reales que la vida misma, se convierten así en pellizcos necesarios para aquellos que, como yo, seguimos pensando que la vida es sueño (y los sueños, taxis son). Pero cuando su trayecto finaliza, en ese intervalo cruel y abisal comprendido entre una historia y la siguiente (o entre sus dos realidades), no puedo evitar elevarme unos cuantos palmos sobre el nivel del asfalto y escribir desde las alturas. Mi libreta, en estos casos, se convierte en el último anclaje de emergencia eficaz cuando el resto falla.
La soledad del taxista genera otras historias, más íntimas y desnudas, que necesitan ser convertidas en palabras: no hay mejor radiografía del alma que un texto propio plagado de esguinces ortográficos. Son horas y horas de soledad forzada, agravada por una multitud que te rodea y sigue su curso sin contar con nadie, o por una música en lata y fecha de caducidad, o por las voces de una radio que te habla pero no te escucha. No conozco momento más intenso e introspectivo que la soledad en compañía. Cuando nadie ocupa el asiento trasero de tu taxi y, sin embargo, la ciudad continúa moviéndose a un ritmo de infarto, el abismo se convierte en un murmullo perpetuo imposible de descifrar.
TRAYECTOS NI LIBRES NI OCUPADOS
Un taxi ocupado implica historias. Un taxi libre, pensamientos. Pero, ¿qué sucede cuando el taxi no se encuentra ni libre ni ocupado?
La respuesta es sencilla: catarsis. Y en mi caso la catarsis se transforma en poemas ni libres ni ocupados. Son juegos de palabras que se contradicen, que se escapan a mi mismo control en un abrir y cerrar de puertas. Poemas compuestos en semáforos, en atascos, en paradas de taxis o en el paréntesis casual de cualquier conversación. Palabras sueltas sacadas de la chistera del Policía Municipal, o del bolso de una usuaria cualquiera con ojeras. Palabras unidas por hilos invisibles o por líneas discontinuas dibujadas en el asfalto. Palabras que no sobran ni faltan, que nacieron mucho antes que yo y no morirán ni tan siquiera después de cerrar los ojos, las puertas, o de apagar para siempre todos los taxímetros del mundo.

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